Cómo no perder el foco

Ocurre con frecuencia: Comenzamos una tarea dispuestos a trabajar con determinación para llevarla a cabo, y a mitad del proceso nos percatamos de estar ocupándonos de algo completamente distinto, y probablemente menos urgente. Cuando la meta a cumplir es de un orden más abstracto, como concentrarnos en idear un plan de acción o simplemente organizar la agenda de la reunión semanal con los empleados, las fuentes de distracciones suelen ser infinitamente más sutiles, lo que convierte nuestra cadena de pensamientos en una especie de barco a la deriva, empujado por corrientes que suelen arraigarse en las emociones, bien distintas a las cosas prácticas y racionales que en principio nos propusimos alcanzar.

 

Sin embargo, tener consciencia de la distracción en algún punto, de por sí representa una pequeña victoria para quien está legítimamente interesado en la inversión del tiempo desde una perspectiva productiva, eficiente. Michael Lipson, Psicólogo Clínico con más de 20 años en experiencia en estudios sobre la estructura del pensamiento, en su artículo To Improve Your Focus, Notice How You Lose It, propone cuatro fases de atención o niveles de auto consciencia para poner a prueba la estructura de nuestro pensamiento, con la intención de conocer cómo ocurren y evolucionan los patrones de las distracciones.

 

  1. En la primera fase, Lipson recomienda escoger un foco o idea en la que queremos concentrarnos y, naturalmente, comenzar nuestra tarea.

 

  1. Eventualmente, nuestros pensamientos tenderán a divagar. Ésta es la segunda fase de consciencia.

 

  1. Una vez que hemos notado el desvío, debemos detenernos a observar con cuidado la estructura de nuestra propia distracción, es decir, recorrer en retroceso la secuencia de ideas que la originaron. La propuesta de la tercera fase de atención es, nada más y nada menos, que pensar sobre nuestro propio pensamiento, quizá la característica más elevada de la mente humana.

 

  1. Cuando somos plenamente conscientes de la distracción, debemos elegir, también conscientemente, si retornamos al tema foco inicialmente propuesto, o aceptar la desviación como necesaria en virtud de habernos topado con un nuevo foco intencional. La cuarta fase de atención no sólo nos hace reflexionar sobre el proceso de pensamiento, sino que además nos impele a elegir si debemos continuar derivando en los márgenes de nuestra meta, o reconcentrarnos en ella.

 

El primer y cuarto nivel constituyen elecciones, mientras que el segundo y tercer nivel simplemente ocurren, sin que podamos controlarlos. No obstante, el haber notado el desvío del pensamiento en la tercera fase nos proyecta sobre las razones que sustentaron la elección inicial de nuestro tema foco, acercándonos a la voluntad de elegir, en el cuarto nivel. Y precisamente se trata de elegir: reflexionar sobre los patrones de nuestra mente, cuestionando las derivas inconscientes y retornándonos al punto de partida con el objetivo de -esta vez sí-, concentrarnos.

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