Si me obligas a notar mis puntos débiles, transformaré esas debilidades en fortalezas.

Michael Jordan

 

Quienes hoy somos adultos tuvimos la oportunidad de crecer admirando la extraordinaria capacidad deportiva de Michael Jordan: lo vimos anotando puntos en la cancha con saltos realmente sobrehumanos, y celebramos también sus seis títulos en la NBA. El más valioso, imbatible y mediático jugador de baloncesto, supo además traspasar las fronteras del deporte, incursionar en el cine con la divertida Space Jam y convertirse en un ejemplo de trabajo continuo y ética para sus compañeros y entrenadores deportivos. Su talento sin embargo no se queda ahí, ya que Michael Jordan tiene mucho que enseñarnos sobre productividad empresarial.

 

En una oportunidad su entrenador Phil Jackson comentó que pese a todo su éxito, Jordan jamás dio por sentado el triunfo, y se preparaba para cada juego con exacto nivel de exigencia y devoción. Confiaba en que el máximo de preparación física y mental fuera del torneo, le garantizaría el instinto y la memoria muscular suficientes para dominar a sus oponentes sin pensárselo demasiado.

 

Cuando Michael Jordan fue fichado por primera vez en la NBA en 1984, un entrenador comentó que “su tiro no estaba a la altura de los estándares pro”. Lejos de tomarlo como una ofensa, ese tipo de juicios se convirtieron en motivos para reforzar su rutina de entrenamiento. Más adelante, cuando su jugada en defensa fue calificada por alguien como “débil”, invirtió innumerables horas estudiando videos de las técnicas favoritas de sus oponentes, que luego transformó en horas de práctica en la cancha. El resultado fue su nombramiento como Jugador Defensivo de la liga de la temporada 1987-88.

 

El secreto de la productividad de Jordan podría decirse que radica en tres aspectos: capacidad de autocrítica, entender las críticas como retroalimentación para mejorar, y disciplina, la cual caracteriza a todo atleta de alto nivel. Llevado al contexto de la productividad empresarial, hablamos de no dar por sentado el éxito de nuestras acciones a costa de nuestra formación profesional, porque los títulos sin dedicación no son suficientes en el mundo competitivo de hoy.

 

“Siempre hay tiempo para mejorar” es un viejo adagio, pero lo cierto es que no siempre podemos disponer de tiempo durante la jornada de trabajo para considerar cómo podemos crecer profesionalmente. Por eso, de la experiencia de Jordan concluimos que el tiempo que pasemos fuera de la oficina vale también como tiempo para perfeccionar nuestras habilidades, para mantenernos informados y actualizar nuestras herramientas. La lectura de libros y revistas digitales enfocados en nuestro ámbito de acción, así como proyectar de forma anticipada algunos escenarios laborales factibles, nos ayudarán a sentirnos seguros, listos para actuar y lograrlo todo, como Jordan, en nuestro terreno de juego.

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