Evitar la morosidad de nuestros clientes es un objetivo que bien puede llevarnos por el camino de la proactividad o gestión de cobranza anticipada, o tentarnos con otras opciones pensadas para garantizar el cobro de las facturas, tales como avales, factoring o un seguro de cartera por cobrar.

 

La contratación de un Seguro de Cartera por Cobrar, especialmente, es una modalidad muy popular pues consiste en cubrir la venta a crédito de unos bienes o servicios realizados por una empresa a sus clientes. Este tipo de seguros tienen sus variantes conformes con la naturaleza y proyección de la empresa (también pueden desestimar a algún cliente por considerarlo de elevado riesgo) y, si bien no suelen asumir el 100% de los impagos, prometen un retorno de al menos un 80% del importe total de la deuda.

 

La “transferencia” del riesgo hacia un tercero implica que, si un cliente no paga, aún se dispone de una garantía para cobrar una parte importante de la deuda. Semejante red de seguridad genera una inevitable sensación de confianza que, a la larga, puede perjudicar la gestión de cobranza de su empresa. La consecuencia es que los procesos de cobranza se relajan y derivan en estrategias reactivas de último momento.

 

No se trata de renunciar a prácticas como contratar un seguro de cartera por cobrar, que nos ayudan a prevenir el impago de los clientes. Por el contrario, toda garantía es bien recibida siempre y cuando no se baje la guardia en la cobranza, un proceso que cuanto más estructurado, anticipado y constante sea, mejores resultados reportará para su empresa.

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